29 abr 2010

En la tele


Llego a casa a buscar un buen café pasado y un cigarro. Me lo merezco. Me lo merezco por ser parte de este loco mundo que algunos llaman el maravilloso mundo de la televisión.

Cuando caminaba de regreso de la universidad pensando a qué me gustaría dedicarme, siempre manejaba varias posiblidades, pero la más remota era dedicarme a la pantalla chica. No me arrepiento de empezar por este medio. 

Ahora, cada vez que vuelvo del canal, se me ocurren tantas historias sobre las que escribir. Muchas cosas que se desconocen de este submundo y muchas anécdotas que me pasan trabajando día a día en el equipo de prensa de uno de los canales con menos rating de la parrilla. 

Muchos me han dicho que he tenido suerte de iniciarme en la tele tan joven y aparecer de buenas a primeras en la pantalla de sus televisores. En fin. Este trabajo me cayó como anillo al dedo porque además de necesitarlo, me hacía falta esa dosis de buenas oportunidades. Hoy quizá ya me he ganado un pequeño espacio en el canal y llegar todas las tardes a trabajar no se me hace para nada pesado.

Pero de eso no se trata este post. Con él tengo la intención de anunciar que de vez en cuando, y probablemente con frecuencia, escribiré sobre el lado oscuro de la tele, sobre las cosas graciosas que pasan en la redacción y sobre lo extraño pero nada extraordinario que se siente verme promocionando un noticiero en la pantalla de mi plasma. 

Así se empieza, señores, en el periodismo.

23 abr 2010

Yo no dio a mi jefa

Hoy fue mi último día como conductora de un noticiero que me chantaron por falta de gente. Desde el lunes, regreso a mis avances del día y a mi rutina de trabajo normal. Pero regreso más que satisfecha, regreso feliz.

Feliz porque afronté un nuevo reto sin miedo y recibí buenas críticas. Feliz porque en esta nueva etapa, primera etapa en el mundo de las pantallas, he conocido gente que se merece mis aplausos.

Hoy voy a hablar de mi jefa. Mucha gente tiene constantes problemas con sus jefes directos. Que si son autoritarios, que si no saben tratar a la gente, que si son ineptos para su cargo. En mi corta vida laboral nunca he tenido una jefa como la que tengo ahora: una jefa digna de que todos se saquen el sombrero por ella.

Y eso que las jefas mujeres suelen ser problématicas para su subordinadas del mismo género. La mía escapa de todos los malos adjetivos. Escribo esto porque es una mujer que saca la cara por su equipo. Una mujer de armas tomar y una muy graciosa compañera de trabajo. Sabe perfectamente cómo y cuándo presionarte y sabe cómo defenderte si es necesario.

En un rato más brindaré por una mejora en mi trabajo, pero también brindaré por ella, porque sin su apoyo no la tendría. Y porque disfruto escuchar de su pequeña boca esa palabra que la caracteriza: Ubicate Tifany!

Finalmente en una chamba puedo decir que me siento ubicada.

Para desentonar un poco, les dejo este video ridículo de una cantante mexicana que se hace llamar Amandititita. Un himno muy estúpido para todos los que odien a sus jefes. Los efectos del video son de otra época.


Aquí dos enlaces por si tienen curiosidad sobre esta peculiar cantante:
Artículo en diario La Jornada de México
http://es.wikipedia.org/wiki/Amandititita

17 abr 2010

Un minuto de respiro

Cuesta mucho a veces tomarse un minuto de respiro cuando uno tiene una vida agitada, llena de correteos, saltos, horarios por cumplir y fechas límite.

Dentro de las entrevistas que estoy haciendo para mi tesis, me topé con un conocido blogger peruano, que me dijo que muchos blog son una suerte de catarsis para sus autores. Así es. 

Esta catarsis es por los minutos que dejo pasar. Por aquellos que a veces no valoramos, esos que son solo nuestros. Esos que compartirmos con la soledad de la almohada, con un vaso de agua y con el humo de un cigarro.

Suelo pensar que esta premura acabará cuando en pocos meses, acabe esta investigación que devora con naturalidad mi tiempo libre. Pero me conozco, sé que cuando termine con ella, empezaré una nueva empresa en mi vida. Quizá me abocaré a otro idioma. Quizá a otra especialidad. Quizá a algún otro pasatiempo a parte del gimansio, a parte de la equitación.
Es probable que vuelva a mirar con curiosidad mi biblioteca y decida devorar esos libros que llegaron en una maleta hace un par de meses y que todavía no he tenido la dicha de disfrutar. Pero lo más probable es que más actividades embriaguen mis días y se conviertan en parte de mi nueva rutina.

Cuando estaba en la universidad, decía que lo mejor de trabajar era que nunca llevabas tareas para la casa. 
En fin, eso por hoy, y porque hace tiempo que no alimentaba este espacio de desfogue, de autoconocimiento.