28 dic 2009

Una dosis de ustedes


Definitivamente no es que seamos como aquellas cuatro inseparables de Sexo en la Ciudad, pero quizá por ahí vamos. Entre nosotras no existe una Samanta lujuriosa igual a la de la famosa serie, ni una Charlotte recatada, ni una obsesiva Miranda y mucho menos una Carrie aficionada a los zapatos. Las cosas no funcionan siempre así. Pero sí formamos un mismo grupo que en cada junta da rienda suelta a sus pensamientos, angustias, sentimientos y traumas emocionales.

Algunas mujeres podrían decir que se reunen entre amigas únicamente para apedrear imaginariamente y en grupo a quienes son sus galanes de turno. Nosotras no somos del todo así. Hablamos de los novios tanto como de los recuerdos del colegio. Es decir, cuando se vienen al tema. Antes que perder nuestro tiempo machacando a quienes profesamos amar, preferimos narrarnos los días vividos. O en todo caso, contar como nos sentimos cuando discutimos con ellos y como disfrutamos cuando nos dicen lo importante que somos, cuando nos hacen ver estrellas y cuando no (porque hay los que no lo logran).

En eso, y en el excelente estilo, nos parecemos a las regias de New York. En eso y en que no necesitamos un nombre que nos identifique, una razón para tomarnos unos tragos ni un silencio largo para necesitar juntarnos. Además de que cada una vive su propia historia, pero todas somos testigos a la distancia de lo que vamos viviendo, de lo que nos va resultando de ese juego extraño que protagonizamos todos y cada uno de los seres humanos. De ese Jumanji que es la vida misma.

No todo es como los hombres creen. No es que ellos tengan las orejas color tomate cuando nosotras decidimos matar el tiempo haciendo funcionar nuestras lenguas. No. Es más que eso. Es esa camaradería que existe sólo entre mujeres y que entre mujeres queda, como esas conversaciones que desde dentro se suscitan.

El video por algunas de las charlas femeninas que la serie puso en evidencia. Y por las frases irónicas que muchas mujeres usamos entre amigas.

17 dic 2009

Volviendo a la realidad

Cinco meses fuera y encuentro que los hongos han invadido parte de mi guardarropa, mi radio no suelta el primer disco que empezó a correr y el cable sigue viéndose mal ¿Pasará lo mismo con los recuerdos, los sentimientos y las heridas del pasado? ¿Se echarán a perder o quedarán envueltos por verdosas capas en lo más recóndito del closet de la mente?

Desde que llegué no he parado de dar vueltas dentro de los pocos metros cuadrados que conforman mi habitación. Me he dedicado a limpiar, desempolvar y ordenar. Pero hace unos minutos me senté tranquilamente frente a la pizarra de corcho que cuelga sobre la laptop. Era hora de actualizar fotos. Ahora descansan en ella todas las personas que tienen un lugar ganado en mi corazón. Están las fotos de mi madre, mis amigas del colegio, mi novio y las de aquella entrañable familia que dejé al sur del mundo.

Creo que para eso sirven las fotos. Para que los buenos recuerdos no queden solo en el corazón, sino que estén también rodeándonos y no queden escondidos en un álbum o en el disco duro del computador.

Desde que llegué he albergado dentro de mí una indefinida y contradictoria serie de sentimientos que en ocasiones me han hecho derramar más de una lágrima. Pena por todo lo que dejé, por los buenos momentos y las personas que quiero con toda mi alma. Pero he sentido también tranquilidad por volver a los brazos de quien me comprende y alegría por ver a las personas que dejé aquí cuando partí. Aunque por sobre todas las cosas, he sentido una inmensa satisfacción, por la experiencia que viví y porque creo que finalmente fue todo un éxito.

A parte de la libertad y la independencia que gané estando sola, nunca imaginé volver a formar parte de una familia y nunca pensé que las despedidas allá llegarían a ser tan profundas, aunque fueran un simple hasta luego, aunque tenga la certeza que a todos los volveré a ver.

Sin querer, aquel día que salí de la casa donde viví, me llevé la llave dentro del bolsillo. Cuando caí en la cuenta, noté que no sería difícil volver algún día. Me sentí tan en casa que tener la llave conmigo fue algo instintivo y natural.

Pero ya volveré. Volveré para bromear con el tío, fastidiar a Rodrigo, abrazar a mi hermano menor y charlar hasta el amanecer con la tía. Por ahora me queda lavar montones de ropa y desempolvar mi limeña vida. Cada cosa a su tiempo, dicen.

14 dic 2009

Hasta pronto tía mía

Ayer nos tomamos un mango sour. De esos que venden embotellados aquí y que con hielo son bastante agradables. Ella tenía los ojos rojos y yo intentaba aguantarme las ganas de llorar. Nunca pensé que ganaría una tía con esta experiencia.

La tía es una mujer de cuarenta y tantos años que aparenta mucho menos. Una mujer detallista, trabajadora y por sobre todas las cosas sensible. No podría especificar cuándo empezamos a llevarnos tan bien. Pero con cada cigarro y después de varias amanecidas conversando y confesando escenas de nuestras vidas, se me hizo indispensable pasar las tardes con ella y la tristeza empezó a ser más llevadera.

A pesar de ser la perfecta ama de casa, esta mujer es una chilena guapa, de buen vestir y de actitud elegante. Tiene eso que solemos llamar clase y que como ella misma afirma no se compra en el supermercado.

Pero lo más increíble de todo es que por dentro somos bastante parecidas. Sus conclusiones, sus expectativas de los demás, su eterno intento por hacer a la gente más ubicada, más preocupada. Ella siempre está pensando lo que debe estar pensando uno y se anda preocupando si algo nos incomoda o si hemos tenido un mal día.

Como dicen en Chile, la tía es un 7, o un 20 en mi país. Conmigo no se pudo haber portado mejor y el lazo que logramos enredar en 5 meses me hace sentir una pena profunda al pensar que tan solo me quedan horas aquí.


Ya nos volveremos a ver tía, para copuchar y pelar a los demás. Para reírnos de los cabros de la pensión y para contarnos las vidas. Para tomar un pisco sour y fumar aunque sea un Kent 4. Para salir a mirar tiendas o buscar un buen restaurante y comer rico. Solo me queda agradecerle y en un par de horas estrecharnos en un abrazo y decir un hasta luego. Hasta luego…

Esta canción porque la escuché tantas veces en el auto cuando salíamos a pasear y porque siempre recordaré que ella la escuchaba cuando le dieron su primer beso.

11 dic 2009

Dentro de otra familia

Una vez alguien que no recuerdo quien fue me dijo que la familia no era la que llevaba la sangre de uno, sino que estaba compuesta por aquellas personas que a lo largo de la vida habían estado cerca, en las buenas y en las malas, con virtudes y defectos. Hoy no puedo estar más de acuerdo con esa premisa.

Mientras escribo este post, estoy sentada en una cama de dos plazas que no es la mía. Al frente, en una computadora, está uno de mis hermanos prestados chateando con su polola. Y por la puerta acaban de ingresar dos personas que se han convertido en mis tíos favoritos.

Yo llegué aquí pensando que viviría sola. No puedo negar que he extrañado a mi familia sanguínea, pero he encajado sin querer y a la perfección en un hogar chileno que me va a costar mucho dejar.

Mis tíos son una pareja con 24 años de casados y dos hijos. El mayor es como esos hermanos archi super hiper ultra trabajadores que se relajan saliendo a carretear y buscando aventuras. Es de esos hermanos que cuando llegan a casa abren el refrigerador y se burlan de la hermana. A Roro, mi hermano prestado de 23 años, le debo agradecer el haberme hecho tía de un precioso chilenito. Cuando fui al hospital a ver a su bebé, me emocioné tanto como si mi propio hermano de sangre hubiera sido padre por primera vez. “Lo hiciste lindo,” le dije, y lo abracé. Lo abracé queriendo transmitirle esa emoción que me daba el que me hayan permitido ser partícipe de la llegada de un nuevo miembro a la familia.

El otro, es mi hermanito prestado, digo yo. Es ese hermano menor que mi mamá nunca quiso darme. Pancho tiene 18, pero sigue siendo un niño. Es extremadamente cariñoso y le encanta molestarme con mi nacionalidad. Me dice que los peruanos son aceitunas y después corre a darme un sonoro beso en la cara. Judas, le digo yo.

Pancho me cuenta cuando discute con la polola, me llama para ver películas y hacer canchita, me pide que le invite un café o chocapic, y a veces me pide cigarros a escondidas. Una de las cosas que más voy a extrañar son sus bromas y su sonrisa siempre disponible, además de aquella frase que anda repitiendo mucho últimamente: no te vayai!

El tío es aquel que anda tirando tallas por donde va. No he conocido persona más pícara que él, con la chispa a flor de piel y las ganas de verme reír. El tío me busca cuando quiere tomar lonche y me pide que lo acompañe al supermercado. Disfruté tanto los domingos de parrillada a su lado, porque la suya es la mejor del mundo.

Y la tía... la tía es tema de otro post.

Esta canción por el tío, que siempre la andaba cantando sin saber de quién era, hasta que me fundí en la red y la encontré.

8 dic 2009

En una semana ya no estaré aquí

Me gusta el sonido que emite la nicotina encendida cuando ya se está consumiendo cerca de la colilla. Me gusta ahora que sé que en una semana ya no estaré aquí, que probablemente estaré disfrutando sentada en casa después de comer pollo a la brasa.

Hoy estuve en casa de una pareja recién casada. Ambos con carreras afines, ambos con situaciones quizá similares. Ambos en un estado en el que yo estaré en algunos años. En un momento uno de ellos me dijo que más que una experiencia académica, esto estaba enfocado al tema humano. Es cierto.

Las despedidas comienzan y los sentimientos se mezclan. Aquí he aprendido mucho, todavía no sé cuánto. Eso se definirá cuando regrese a mi situación normal y pueda decir que con todo lo que he vivido aquí he crecido, he madurado.

La vida nos prepara para diversas travesías, algunas más tormentosas que otras. Pero depende siempre de nosotros poner la mejor cara. Depende de nosotros escoger ser transparentes o vestir caretas que no corresponden. Yo escogí ser transparente. Y aunque con algunas personas no funcione, creo que es lo más adecuado. Ser como uno es y actuar y decir las cosas en función a lo que uno piensa y siente. Sin contradecirse.

Vale la pena arriesgarse por uno mismo y presentarse tal cual uno es. Vale la pena arriesgarse a ver si uno realmente puede hacerse querer. Hoy aprecio que me hayan aprendido a querer auténtica y haber conocido personas de buen corazón, de brazos abiertos.

Este post por el Jefe de Carrera que me abrió las puertas de su oficina y de su casa. Que me presentó a su esposa y que me llevó al Huáscar. Que me acogió cuando debía desfogarme y que me escuchó sin previas percepciones.

Este post por haber finalizado la universidad y no haberme dado cuenta. Por las conversas fuera de la facultad acompañadas de un cigarrillo, tanto en Lima como en Conce. Por los amigos que me esperan y por los pocos amigos que se quedan. Por los reportajes, los programas de radio y las crónicas escritas. Por aquellas que nunca plasmé en una hoja de Word y por esas otras que todavía no nacen. Por el libro no escrito, ese que intenté empezar en la semi-soledad de estas cuatro paredes. Por las cartas no enviadas y por las lágrimas de nostalgia.

Porque hoy soy más fuerte que antes y porque asumo la nueva vida que empezaré a construir el próximo año. Porque este me relajo. Porque cuento los días para volver a ser novia y para volver a ser hijita de mamá. Porque extraño ese cigarro con ese café frente a esta laptop.

Por todo eso y demás cosas que quedan por escribir durante estos días… estos cinco meses valieron la pena, todas las penas. Y claro, también las alegrías.

6 dic 2009

¿Dónde?

¿Dónde se fueron las ganas de escribir?¿En los cigarros que no puedo fumar frente al computador, en las horas de sueño y pesadillas, en los días lentos?¿Dónde fueron?  Bajaré a preguntarle a otro Kent 4.