23 ago 2013

Chispa mortal


Llegamos al lugar del accidente después de transitar en contra en dos ocasiones y por varios kilómetros de la Panamericana Sur. Estábamos en Cañete cuando divisamos los camiones calcinados. Bajamos. Mi camarógrafo adelante, yo buscando al polícia/fiscal/perito/testigo que me cuente un poco cómo fallecieron 4 personas en este triple choque.

Minutos después me acerco a Martín. Le pregunto si pudo ver a los dos cuerpos que todavía quedaban en el lugar, supuestamente dentro de uno de los camiones. - Sólo he visto a uno- me dice, es el chofer y está irreconocible.

Me acerco al camión que horas antes, durante la madrugada, había chocado contra un auto que era remolcado por un tráiler y ocasionado un nefasto y mortal incendio... Me acero y me acerco... y lo único que logro observar es un pedazo de cráneo entre los fierros retorcidos. La piel del pobre hombre se había cocinado por completo entre las llamas. La policía pudo reconocerlo sólo por los documentos que no se convirtieron en cenizas... Su compañero y copiloto tuvo la misma suerte, sólo pude distinguir los huesos de sus vértebras...

Dicen que todos los muertos impresionan... pero yo no encuentro peor manera de dejar este mundo que sintiendo el calor del infierno penetrando tus venas...


11 jun 2013

A ese monstruo que llaman paraninfo...


Los escucho y los observo con detenimiento. Claro, cuando puedo, porque mi intención no es nunca que lo noten. Cada vez que logro escuchar a lo lejos sus conversaciones, río internamente... porque los envidio, los envidio sanamente y sin el menor ápice de ira contenida.

La verdad es que no quiero volver a esa edad, a pesar de que reconozco que una de las mejores etapas de la vida es aquella en la que todavía dependes de tus padres pero estudias lo que quieres y con cierta libertad. La Universidad es la institución donde mayor libertad se tiene, de pensar, de creer, de mantener tus convicciones; estoy convencida de ello así algunos de mis alumnos se sientan, hasta cierto punto, encasillados.

Escucho como ríen, las bromas que se hacen y hasta los planes de fin de semana. El interés y el ahínco con el que se cuentan las últimas nuevas de sus relaciones personales, cuando sus problemas juveniles son realmente sencillos. Todavía están lejos de la presión de ser despedidos, de las vallas personas que como profesional enfrentas a diario y de las responsabilidades que como adulto recaen sobre tus hombros.

Debo reconocer que vivo muy cansada y a un ritmo más que acelerado. Tengo siempre el reloj a cuestas; sin embargo, cada vez que ingreso a clase cambia mi día. Ellos me refrescan la mente, me ponen a prueba y despiertan más mis ansias de saber más, de engullir conocimientos. Y al final del día, cuando me quedan cinco o seis horas para dormir, les agradezco en secreto. Dictar una cátedra no es fácil, y como todas las situaciones complicadas, es gratificante saber que lo disfrutas. Yo disfruto hasta el éxtasis mental esas aulas en las que un día me hice periodista y en las que hoy tengo el placer de decirle a los alumnos que el camino es largo, pero que las sorpresas son muchas y que como la docencia, apaciguan el alma.

4 ene 2013

Ideas sobre la muerte...


He dejado de contar los velorios que he presenciado. Hasta hace algunos años me negaba a pararme frente a un ataud. “Hasta que les toque a mis abuelos” – solía decir.

El primer encuentro con ese ambiente tenso y lleno de ausencia fue cuando la hermana de mi abuelo falleció y mi madre me pidió encarecidamente que acompañe a su padre. A pesar de que había visto pocas veces a mi tía abuela, sentí un dolor inmenso por ser la primera vez que veía lágrimas brotar de los ojos color cielo de mi abuelo.

Varios años después, yo misma vestí de negro cuando falleció la mamá de mi papá. Nunca en mi vida había preparado tanto café y mucho menos había sentido que alguien a quien había visto toda mi vida y cuyas arrugas generaban mi devoción, se perdía en un hoyo negro detrás de un pedazo de cemento.

Pero hasta ahí puedo contar. Porque desde que recorro la calles de esta ciudad con un micrófono en mano he presenciado los velorios más desgarradores que pueda imaginar. Muertes injustas y crueles de niños, mujeres y adultos; actores y cantantes reconocidos pero también gente que sobrevive con ínfimos recursos, gente a la que la muerte no solo le arranca el corazón sino también dinero que les es imposible recaudar. Estos son los peores velorios a los que he ido.

En los conos, cuya imagen se me presenta llena de tierra o arena, los funerales son siempre más tristes que en ningún otro lugar del planeta. Nada tiene que ver el color negro con la muerte pues casi todos los asistentes, inclusive los familiares del difunto visten de cualquier color. He llegado a ver un entierro en el que los padres y la hermana de una joven que contó su vida en televisión estaban enteramente de blanco.

Hoy estuve en el velorio de dos pequeñas de 9 y 11 años, cuyos ataúdes descansaban al lado del responsable de sus muertes: su padre. Este desalmado sujeto envenenó a sus hijas, sangre de su sangre, y luego se suicidó. Lo peor era que los cuerpos estaban en la casa donde respiraron por útima vez, la casa de la familia del asesino.

Imagínense esta escena. Una mujer mirando los féretros de sus hijas y al lado, el de su ex pareja. Este sujeto las mató y lo peor es que su familia hoy vela a todos juntos como si nada hubiera pasado. Llega el cura para oficiar un responso. “En la tierra no estamos para juzgar, es Dios quien otorga el perdón divino y por eso oremos, amigos, para que este hombre obtenga el perdón de Dios”, dice el cura.

La pobre mujer, empleada del hogar, llora. Me cuenta que no tenía otro lugar donde velar a América y Angélica. Me dice que ellas adoraban ver un reality de otro canal y que se aprendían las coreografías. Que no sabe porqué su es pareja, a quien dejó hace 2 años, las mató sin piedad. Era un buen padre pero un mal marido. Intentó atentar contra su vida en dos ocasiones antes de cometer esta desgracia. Yo, no sé qué decirle.

Dicen los viejos lobos del periodismo que poco a poco se te quita la pena y la sensibilidad. Yo, claro está, les creo a medias. Sí debo aceptar que pregunto con descaro, que intento hacer que esta pobre mujer se pierda en llanto. Pero eso no significa que no me sienta fatal y que la muerte, sobretodo la más pura, chocante y violenta muerte, no despierte en mí dudas, pesadumbres y desconsuelos.

Aquí les dejo la nota sobre este cruel asesinato, aunque no es de mi autoría



5 jun 2012

5 de junio: una masacre para no olvidar



Hoy regresé a un cementerio y aunque no fui a ver a nadie que haya querido en vida, salí con lágrimas en los ojos. Fui al camposanto Santa Rosa a acompañar a los deudos de los policías asesinados en el Baguazo hace tres años. Jóvenes preparados para pelear por su patria, para defender el orden social, para acatar órdenes a favor de nuestro país.

Sus madres o esposas consideran a estos hombres héroes y temen que sean olvidados. Colocan flores en sus tumbas que, en comparación con otras, indican que ellos cayeron en acción de armas. La única diferencia con cualquier otra persona que ha perdido a un ser querido es que estas mujeres sin consuelo, estos padres, hermanos e hijos con rostros desconsolados no saben exactamente qué les pasó a estos policías. De pronto un día salieron a trabajar y no regresaron más, sin explicación de su institución, sin explicación del gobierno, sin explicación de nadie.

Es increíble que todavía no se hayan esclarecido los hechos ocurridos el 5 de junio de 2009 en la curva del diablo y en la estación 6. Es casi inaudito que por más fotografías que existan sobre las supuestas últimas horas de vida del mayor Felipe Bazán, no se hayan interrogado ni identificado a los más de 27 nativos que aparecen en la toma, los únicos que podrían conocer el paradero de los restos de este policía desaparecido. Hoy escuché con atención las declaraciones de sus hijas, que esperan que algún día al abrir la puerta de su hogar encuentren a su padre, o por lo menos logren conocer lo que le pasó.

Debo confesar que en estos días de periodismo callejero no es la primera vez que veo familias sufrir por la muerte de alguien. Hay ocasiones en las que me choca más que en otras, como en este caso, en el que estamos hablando de víctimas de una profesión que sería reconocida como noble si las autoridades asumieran su responsabilidad y si diéramos el reconocimiento debido a los que sí actúan de buena fe, a quienes no temen perder su vida por salvar de nosotros, los demás ciudadanos.

Hoy no me dio vergüenza derramar lágrimas por la matanza de Bagua, me dio miedo el tan solo pensar que me puedo volver inmune a este tipo de situaciones. Siento que el día que deje de indignarme por muertes como estas, habré perdido por completo mi corazón y no creo que de eso se trata el trabajo del periodista.
Quedará impregnada en mi mente la voz de uno de los suboficiales PNP grabada en el celular de su madre y recordaré siempre las frases de la oración que escribió antes de viajar al operativo: “Dios mío, no tengo miedo de morir si es que voy a entregar mi vida por mi país”.

20 oct 2011

Un aplauso para mi abuela

Alguien cercano fallece y de pronto empiezas a pensar en la muerte...

Mi abuela se fue... como un ángel dejó su cuerpo para subir a ese cielo del que tanto hablan las religiones. Quizá se aburrió de su enfermedad, quizá tenía ganas de empezar a preparar macarrones con hot dog para todo el séquito de ángeles de Dios. 

Yo no tuve la dicha de vivir con mi abuela, como sí mis primos, que ahora se encuentran con la pena a diario cuando abren las puertas de su hogar. Pero tengo siempre buenos recuerdos de la abuela Fifi. Ella me enseñó a tomar la sopa como lo hacían en casa del Mariscal Óscar R. Benavides. Me demostró que los brujos somos varios pues su padre era uno muy acertado cuando recorría las calles de San Andrés de Tupicocha. Llegué a conocer su pueblo natal, ese lugar escondido entre las montañas de la sierra de Lima, donde la paz nace y se desarrolla, tal y como lo hizo mi abuela. 

Ella era el ejemplo vivo de la diplomacia y de la pujanza. Recuerdo su voz y no puedo dejar de sonreir como la vez en que le pusieron unos postizos bastante grandes y yo decía que tenía la sonrisa de Fujimori. La abuela vivía de los logros de sus hijos y luego, de los de sus nietos. Aunque callada, aceptó nuestros pasos así no estuvieran de acuerdo con sus creencias morales. 

"Ya que más voy a descansar, hijita" fue lo último que me dijo. Ahora está con su Alejo, el abuelo que nunca conocí pero que según mi papá, me hubiera querido como a nadie. Eso lo sé, por lo que cada vez que visito su tumba mi rostro se inunda. Alejandro siempre me ha ayudado y en muchas ocasiones lo he sentido aquí a mi lado, como hoy siento también a la abuela. 

No llegó a conocer la casa en la que ahora vivo, pero el agua bendita con la que la despedimos fue regada en mis rincones por su espíritu vivo y esa noche la tuve sentada en mi mesa, la vi sonriendo.

Sé que se fue con la tranquilidad de saber que tengo a mi lado a un hombre maravilloso. Se despidió también para re-unirnos como familia y para empezar a mover sus influencias en el cielo a favor de todos nosotros. Y sé que cuando reimos en conjunto ella rie también. 


Te mando una gran sonrisa Fele, te mereces los aplausos del mundo entero.

15 oct 2011

Un gorrión pasajero


Durante mis ratos libres he estado sacándole el jugo a una página web donde se pueden ver películas en alta calidad y altamente recomendables, gratis, por supuesto.

Actualizando aquellos films que me quedan pendientes, decidí ver La vie en rose, largometraje sobre la vida de la célebre cantante Edith Piaf. Mi primer encuentro con esta sorprendente voz francesa fue cuando empecé a estudiar el idioma de la diplomacia. En mi afán por practicar, descargué música francófona y me encontré con la maravillosa y reconocida interpretación de Edith Gorrión (por el significado de Piaf).

Quedé encantada con sus letras, con el poder de sus cuerdas vocales. Hoy, he quedado fascinada con la historia de su vida, que se inicia como la de una cenicienta. Esta musa de la música nació en un ambiente paupérrimo, literalmente bajo un farol en plena calle. Luego vivió entre prostitutas cuando niña era criada en el local de su abuela; para finalmente pasar a cantar en las calles. Así la descubrieron, como en los cuentos. 

Edith sorprendió con su voz, era un diamante en bruto que se encargaron de pulir. Se hizo famosa y conoció a quien fue quizá lo mejor de su vida, el boxeador casado Marcel Cerdan, de quien se enamora perdidamente. Él corresponde a sus sentimientos pero casi al año de mantener un amor apasionado, en uno de sus viajes, el deportista muere y con él... las esperanzans y fuerzas de la Piaf. 

Como en la mayoría de historias de los genios de la música, ella se vuelve adicta a la morfina y se echa al abandono. En sus 40´s muere finalmente de un cáncer pero también por falta de ganas de vivir. Antes, deja quizá, su mejor canción en la cual explaya su increíble registro vocal: Non, je ne regrette rien (no, no me arrepiento de nada). La letra de la canción plasma la vida de la cantante, con altos y bajos, con recuerdos que finalmente ya no importan, para ella todo queda en el pasado de su trágica historia. 

Aunque su voz nos queda a quienes apreciamos la buena música, a quienes nos paraliza una nota alta, una melodía que en casi tres minutos se puede tornar eterna.

La película con justa razón ganó varios premios, entre ellos un Oscar para Marion Cotillard, la actriz. Vale la pena perderse dos horas con el film, pues por más predecible que sea el final (y aunque ya se los haya contado), la carga de sentimientos, la fotografía, el mensaje y hasta los diálogos son dignos de un extendido aplauso.


9 ago 2011

Jazz en el cielo


No puedo dejar de escribir sobre la muerte de la grande: Amy Winehouse. Ya no podré verla en concierto pues ha pasado a cantar con los grandes del Club del 27. Janis Joplin, Kurt, Hendrix y ahora Winehouse, todos fallecieron por casi lo mismo a la fatídica edad de 27 años.

La locura y los excesos nunca opacarán la vida de estos genios de la música, y sólo me queda fumar un cigarro y reventar los discos en su honor.

Please Amy, tell Janis to tell Lord I want a Mercedes Benz Too...