Después de algunos meses vuelvo a leer el último post y me doy cuenta que Dios me concedió lo que pedía. Me hizo pasar por ese tamiz imaginario y salí del canal en el que me inicié como periodista. Renuncié sintiéndome acediada, estancada y sobre todo, porque me sentía una periodista trivializada, casi contaminada por el medio desinformador y escandaloso. Pero al salir, antes que temor, sentí alivio. ¡Dios, qué peso tan inmenso me quitaste de encima!
Pude respirar tranquila y en casi una semana conseguí otra chamba. Las cosas que han ido pasando luego las iré contando poco a poco, porque ahora tengo muchas anécdotas que comentar puesto que mi trabajo me permite viajar y conocer mucha gente que coloca un ladrillo en el escalón que construyen muchos para hacer de este Perú algo mejor.
Hoy voy a hablar del preludio a este trabajo. Sin pensarlo, días después de renunciar, viajé a Huancayo. Me escapé de la Lima caótica en un bus, y por dos días volví a la vida de provincia que tanto me gusta. Mi compañera de ruta fue mi suegra, una mujer a la que hace varios meses vengo conociendo a diario, una persona en la que descubro cosas interesantes y con la que he vuelto a practicar mis precarios dotes de conversadora.
No me fui a turistear, me fui a acompañarla a reencontrarse con los restos de sus padres, una pareja japonesa que llegó aquí en búsqueda de un nuevo hogar. Entonces comprendí la razón por la cual los nikkei son una colonia tan unida y tan buen cimentada. Conocí más sobre una manera diferente de ver la vida y me di cuenta que adoro hacer eso, conversar, conocer, hacer periodismo sano.
Eso hago ahora desde En Ruta, un programa que me recuerda porqué estudié esta carrera, un programa que me ha permitido reconciliarme con mis colegas, con mi quehacer diario. En fin, eso por hoy.
Aquí les dejo el link de un programa de Gonzalo Torres sobre la inmigración japonesa en Perú.
http://youtu.be/vVXP0l1CV8E
Y luego les dejo la presentación de la nueva temporada de En Ruta por Perú TV.
25 abr 2011
16 feb 2011
Adios amiga
Hace mucho que no escribo. Y no tengo excusas hoy, o quizá, las pocas que tengo son las mismas de siempre: el acaparador strees y la rutina aniquilante. Sin embargo no puedo dejar de sentir que voy a escribir por y para alguien más.
Ayer fue el fin de una era. Ayer sentí que se acabaron las risas en complicidad y las largas conversaciones en una ínfima cafetería. Tengo la dicha de haber conocido a una excelente persona que solo hasta ayer trabajó a mi lado. En el medio en el que ahora (recalcando: AHORA) me muevo, no existe gente buena. Existe gente normal, gente que no se mete con nadie y gente mierda, esta última en grandes cantidades inimaginables.
Por ello la nostalgia de no ver con tanta frecuencia a la única persona de corazón abierto que he conocido en este lugar. Y también porque su salida es como un preámbulo a la salida de otras personas. Siento como si en este momento estuvieran purgando el canal. Dios está, considero, sacando a la gente buena para que no se contamine más y se queden todos los que quieren vivir en una selva sin salida, en una arena preparada para los gladiadores más agresivos, en un barril inmenso de mierda.
Pienso mucho en esa palabra ofensiva cuando pienso en el canal. Y cuando pienso en el canal, ruego a ese tamiz que también me saque de ese lugar, donde reina la majadería, la mermelada y la basura. Donde durante un año se han colocado a mi lado con un balde de materia fecal y un ventilador. Porque allí, cuando te embarran, la saben hacer.
Gracias Milagritos, por escucharme a diario y aconsejarme. Por decirme que no soy una más del montón y por hacerme recordar que todo se paga, aunque yo todavía no lo crea. Gracias por enseñarme algo nuevo cada día y por la confianza que depositaste en mí. Ahora siento que tengo una nueva amiga.
Salud por tu decisión! Porque si pudiera hacer lo mismo, hace mucho me habría ido!
Ayer fue el fin de una era. Ayer sentí que se acabaron las risas en complicidad y las largas conversaciones en una ínfima cafetería. Tengo la dicha de haber conocido a una excelente persona que solo hasta ayer trabajó a mi lado. En el medio en el que ahora (recalcando: AHORA) me muevo, no existe gente buena. Existe gente normal, gente que no se mete con nadie y gente mierda, esta última en grandes cantidades inimaginables.
Por ello la nostalgia de no ver con tanta frecuencia a la única persona de corazón abierto que he conocido en este lugar. Y también porque su salida es como un preámbulo a la salida de otras personas. Siento como si en este momento estuvieran purgando el canal. Dios está, considero, sacando a la gente buena para que no se contamine más y se queden todos los que quieren vivir en una selva sin salida, en una arena preparada para los gladiadores más agresivos, en un barril inmenso de mierda.
Pienso mucho en esa palabra ofensiva cuando pienso en el canal. Y cuando pienso en el canal, ruego a ese tamiz que también me saque de ese lugar, donde reina la majadería, la mermelada y la basura. Donde durante un año se han colocado a mi lado con un balde de materia fecal y un ventilador. Porque allí, cuando te embarran, la saben hacer.
Gracias Milagritos, por escucharme a diario y aconsejarme. Por decirme que no soy una más del montón y por hacerme recordar que todo se paga, aunque yo todavía no lo crea. Gracias por enseñarme algo nuevo cada día y por la confianza que depositaste en mí. Ahora siento que tengo una nueva amiga.
Salud por tu decisión! Porque si pudiera hacer lo mismo, hace mucho me habría ido!
8 nov 2010
Al final del día
Escribo mayormente en este blog, diminuto grano de arena dentro de la inmensa playa que es internet, sobre las ansias de escribir y sobre las vicisitudes de la vida; esas que a veces pasan inadvertidas.
Escribo a veces huyendo de los recuerdos de niñez, de las historias de la abuela que ando recopilando en unas hojas de Word que un día espero se conviertan en un libro.
Escribo cuando no estoy devorando un libro o cuando la Biblia no me llama a abrirla. Sí, después de muchos años estoy leyendo la Biblia. Pero no soy una mujer religiosa. A ser verdad, no soy nada religiosa. Soy quizá de aquellos que mantienen su fe dentro del corazón y para sí mismos.
Debo admitir que la Biblia es un libro interesante a más no poder. Un reto para cualquier lector principiante que suele cansarse ante frases repetitivas, ante alusiones y descripciones demasiado largas o demasiado cortas.
Digo que tengo fe propia porque a escasos metros la llama de una vela alumbra mis cuatro paredes. Y no es cualquier vela. Es una que viene del lugar en el que supuestamente habría muerto María. Es una vela que me envió alguien muy importante en mi vida. Y que encendí hoy porque todos los líos de estas 24 horas merecen ser difuminados en el fuego de una vela blanca especial. Quizá mis rezos lleguen más rápido de esa manera.
Eso es todo.
Esta es la canción de hoy, un incomparable clásico de Alice in Chains.
La mierda y ella
Esta es la segunda catarsis que escribo y lo hago después de mucho tiempo...
En este ambiente de trabajo se ve de todo, pero sobretodo, se ven chismes. Cuando los chismes no pasan de ser más que eso, (puros rumores entre un grupo determinado de personas), no causan mayor problema. Y con lios menores. Me refiero a malas caras, personas que no te saludan y jodas laborales. Pero son solo ese tipo de obstáculos con los que ya he aprendido a vivir.
Sin embargo, hay una clase de persona a la que todavía no sé manejar. Son sobretodo mujeres. Mujeres que no tendrían porqué envidiarme, mujeres que inclusive, ganan más que yo. Pero que de igual forma se esmeran en hacerme la vida imposible mientras sonrien a medio mundo y se lucen como las más angelicales criaturas.
Ella es así. Ella es una señorita que aparentemente cree que yo le quiero quitar su puesto y que, para hacer todo lo que hace, me considera una real amenaza. Sólo debo decir que no lo soy, que no me interesa serrucharle el piso, que mucho menos quiero dejarla mal. Eso lo hace ella sola con sus comentarios y con su poco nivel de léxico y gramatica.
La cuestión no es ella, la cuestión no soy yo. La falta es que ella se la pasa diciéndole a medio mundo que yo le ocasiono problemas y que no la llevo porque quiero su puesto. Eso se llama manipulación. Eso significa que ella quiere que la gente tome parte y que se ponga de SU parte. Cuando considero que los problemas en la oficina se arreglan de a dos. Uno no anda contándole a medio mundo que discutió con tal o con cual. Uno ignora a quien le causa daño y cumple con su trabajo.
Pero ella. Ella... ella les sonríe a todos, se pone a llorar y dice que yo le tengo antipatía. Y sí, le tengo antipatía pero porque ella se lo buscó. Porque se dejó llevar por chismes y de pronto dejó de dirigirme la palabra. ¡Y ahora ella se queja de que no la saludo!
Ella anda murmurando por las esquinas que yo la trato mal. ¡Ella! ¡Ella que me exigió que le dejara algo frente a otro conductor! ¡Ella que me gritó como ningún jefe lo ha hecho antes!
No sé si la justicia exista. Si es que existe, la gente se debería ir dando cuenta que quien es leal a sus principios no anda ensuciando a la competencia porque teme ser reemplazado. Lo que pasa es que la mayoría no es leal a sus principios. La mayoría no sabe lo que vale, no cree en sus capacidades y se asusta ante la primera persona que considera su competencia. La pisotea y así acaba mucho más rápido, con mucha más facilidad, con mucha más mierda.
En este ambiente de trabajo se ve de todo, pero sobretodo, se ven chismes. Cuando los chismes no pasan de ser más que eso, (puros rumores entre un grupo determinado de personas), no causan mayor problema. Y con lios menores. Me refiero a malas caras, personas que no te saludan y jodas laborales. Pero son solo ese tipo de obstáculos con los que ya he aprendido a vivir.
Sin embargo, hay una clase de persona a la que todavía no sé manejar. Son sobretodo mujeres. Mujeres que no tendrían porqué envidiarme, mujeres que inclusive, ganan más que yo. Pero que de igual forma se esmeran en hacerme la vida imposible mientras sonrien a medio mundo y se lucen como las más angelicales criaturas.
Ella es así. Ella es una señorita que aparentemente cree que yo le quiero quitar su puesto y que, para hacer todo lo que hace, me considera una real amenaza. Sólo debo decir que no lo soy, que no me interesa serrucharle el piso, que mucho menos quiero dejarla mal. Eso lo hace ella sola con sus comentarios y con su poco nivel de léxico y gramatica.
La cuestión no es ella, la cuestión no soy yo. La falta es que ella se la pasa diciéndole a medio mundo que yo le ocasiono problemas y que no la llevo porque quiero su puesto. Eso se llama manipulación. Eso significa que ella quiere que la gente tome parte y que se ponga de SU parte. Cuando considero que los problemas en la oficina se arreglan de a dos. Uno no anda contándole a medio mundo que discutió con tal o con cual. Uno ignora a quien le causa daño y cumple con su trabajo.
Pero ella. Ella... ella les sonríe a todos, se pone a llorar y dice que yo le tengo antipatía. Y sí, le tengo antipatía pero porque ella se lo buscó. Porque se dejó llevar por chismes y de pronto dejó de dirigirme la palabra. ¡Y ahora ella se queja de que no la saludo!
Ella anda murmurando por las esquinas que yo la trato mal. ¡Ella! ¡Ella que me exigió que le dejara algo frente a otro conductor! ¡Ella que me gritó como ningún jefe lo ha hecho antes!
No sé si la justicia exista. Si es que existe, la gente se debería ir dando cuenta que quien es leal a sus principios no anda ensuciando a la competencia porque teme ser reemplazado. Lo que pasa es que la mayoría no es leal a sus principios. La mayoría no sabe lo que vale, no cree en sus capacidades y se asusta ante la primera persona que considera su competencia. La pisotea y así acaba mucho más rápido, con mucha más facilidad, con mucha más mierda.
El poder del cambio
Cambiamos constantemente. Los seres humanos estamos acostumbrados a los cambios y para algunos, el vuelco total se presenta como un reto, como algo nuevo que afrontar.
Estos cambios, (dicen quienes estudian el karma y el tan mencionado destino), son para que la energía estancada y acumulada fluya de nuevo en otra dirección. Hace mucho que los colores que emanan de mi aura eran los mismos en toda ocasión. Pero quizá las cosas cambien. CAMBIAR. CAM-BI-AR. C A M B I A R.
A veces me suena a caviar.
Estos cambios, (dicen quienes estudian el karma y el tan mencionado destino), son para que la energía estancada y acumulada fluya de nuevo en otra dirección. Hace mucho que los colores que emanan de mi aura eran los mismos en toda ocasión. Pero quizá las cosas cambien. CAMBIAR. CAM-BI-AR. C A M B I A R.
A veces me suena a caviar.
3 sept 2010
Nada
Un vaso de vino dulce. Pero no de cualquier vino dulce, de uno que sabe como a chicle, a gaseosa. Aceitunas rellenas de castañas, cabanossi y un poco de queso Edam. Y… por supuesto, un cigarro.
Estoy a pocos días de rendir un examen decisivo, y a varios días de la última crisis laboral – mental. Pero estoy en un lugar que aunque no podría llamar mío, se siente mío. En el reproductor de la computadora suenan canciones desconocidas de Cristina Rosenvinge, la que fue vocalista de Cristina y los Subterráneos.
En ocasiones tengo muchas ganas de escribir y se me ocurren mil y un ideas sobre historias, reflexiones, análisis, etc, etc, etc. Pero ahora, que tengo los minutos contados con mi soledad y que la tranquilidad me impulsa a conversar con esta hoja en blanco… ahora que tengo la conciencia dormida, ahora no se me ocurre nada sobre lo que escribir.
Para algunos, un blog es un medio informativo. Para mí es como un desquite. Es para no olvidar nunca que disfruto mucho escribiendo. Es para no sentir que pierdo mi amor por las letras, por el sonido que hacen las teclas cuando redacto, ese sonido rápido que siempre ha sorprendido a muchos, que genera que mi hermano diga que le saco la mierda a la laptop.
Por ese sonido, por este vino y por este último cigarro de la noche escribo este post. Porque pronto sustentaré un trabajo que me tomó varios meses y me quitó algunas horas de sueño. Todo por un paso más.
Y es que dicen que las celebraciones de los logros propios se disfrutan mucho más cuando te encuentras contigo mismo, en la soledad de tus pensamientos, en la soledad de tu satisfacción y en la sonrisa que esboza tu boca cuando sabes que lo vas haciendo bien.
Estoy a pocos días de rendir un examen decisivo, y a varios días de la última crisis laboral – mental. Pero estoy en un lugar que aunque no podría llamar mío, se siente mío. En el reproductor de la computadora suenan canciones desconocidas de Cristina Rosenvinge, la que fue vocalista de Cristina y los Subterráneos.
En ocasiones tengo muchas ganas de escribir y se me ocurren mil y un ideas sobre historias, reflexiones, análisis, etc, etc, etc. Pero ahora, que tengo los minutos contados con mi soledad y que la tranquilidad me impulsa a conversar con esta hoja en blanco… ahora que tengo la conciencia dormida, ahora no se me ocurre nada sobre lo que escribir.
Para algunos, un blog es un medio informativo. Para mí es como un desquite. Es para no olvidar nunca que disfruto mucho escribiendo. Es para no sentir que pierdo mi amor por las letras, por el sonido que hacen las teclas cuando redacto, ese sonido rápido que siempre ha sorprendido a muchos, que genera que mi hermano diga que le saco la mierda a la laptop.
Por ese sonido, por este vino y por este último cigarro de la noche escribo este post. Porque pronto sustentaré un trabajo que me tomó varios meses y me quitó algunas horas de sueño. Todo por un paso más.
Y es que dicen que las celebraciones de los logros propios se disfrutan mucho más cuando te encuentras contigo mismo, en la soledad de tus pensamientos, en la soledad de tu satisfacción y en la sonrisa que esboza tu boca cuando sabes que lo vas haciendo bien.
6 jul 2010
Respiro
¡Qué gratificante es volver a encontrar un minuto para escribir! Esos respiros, esos silencios en soledad que nos dejan pensando, que nos ayudan a mirarnos por dentro, encontrarnos otra vez con nosotros mismos.
Leía ayer el excelente blog de una profesora y amiga. En uno de sus posts ella explicaba cuan importante es mirarse por dentro, saber reconocer qué nos hace felices y qué cosas flaquean nuestro ser.
Si bien tengo muchas experiencias específicas que contar, creo que lo más importante que puedo decirle a mis escasos lectores es que sigan sus sueños, que no dejen regados por el camino sus planes, que tomen la iniciativa y después de respirar por un instante se decidan a sonreir de una vez por todas.
La felicidad no es una constante, son momentos que nos ayudan a seguir caminando, que nos dejan ese saborcito a satisfacción. La felicidad se encuentra en un café con un amigo olvidado, en una tarde fria en el trabajo, en una broma con un hermano, en una mirada de quien más amamos.
Leía ayer el excelente blog de una profesora y amiga. En uno de sus posts ella explicaba cuan importante es mirarse por dentro, saber reconocer qué nos hace felices y qué cosas flaquean nuestro ser.
Si bien tengo muchas experiencias específicas que contar, creo que lo más importante que puedo decirle a mis escasos lectores es que sigan sus sueños, que no dejen regados por el camino sus planes, que tomen la iniciativa y después de respirar por un instante se decidan a sonreir de una vez por todas.
La felicidad no es una constante, son momentos que nos ayudan a seguir caminando, que nos dejan ese saborcito a satisfacción. La felicidad se encuentra en un café con un amigo olvidado, en una tarde fria en el trabajo, en una broma con un hermano, en una mirada de quien más amamos.
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